
Las conmemoraciones patrias, tienen históricamente un sentido moral porque se celebran hechos de ejemplar valentía, abnegación y generosidad y conmemoran la épica revolucionaria del pueblo en su lucha por la libertad.
La primera bandera surgió en la historia con el primer pueblo que debió aglutinar a sus hombres para defender su suelo, y su veneración se inició con la celebración de la primera victoria. Escribe Carlos Ferrero: "Así nace el culto de la patria y la veneración de sus símbolos representativos. La bandera es el más palpable de esos símbolos, el primero asociado con la idea de patria...”
Nuestra bandera nació durante una revolución, la revolución de la libertad, de la independencia y de la soberanía popular y fue concebida heroicamente en la víspera de una batalla. Por eso nosotros, los argentinos, la sentimos como el signo de nuestra historia, pero también de nuestras libertades, de nuestros derechos, de nuestra dignidad como nación y de nuestra solidaria lealtad con todos los pueblos de América Latina. La bandera Argentina fue, desde sus primeras jornadas, un testimonio de afirmación nacional y patriótica del nuevo estado.
La bandera, como el escudo y el Himno Nacional, manifiesta la voluntad de reivindicar la herencia indígena y la votación de integración con los otros pueblos sudamericanos. Decía Bartolomé Mitre "El sol de la bandera argentina no es el sol radiante, símbolo clásico de la antigüedad, sino el sol flamígero, o sea el sol incaico”.
La patria se simboliza en la bandera Argentina y por tanto, esa enseña ampara y encarna, idealmente, nuestro territorio, nuestros habitantes, nuestras aguas y pastos, nuestras brisas y pamperos, nuestros recuerdos y esperanzas, en una palabra la integridad moral y material de la comunidad que vive en los limites de nuestro suelo.
Así es que las naciones condensan en un signo visible la idea de la unidad, del amor y del deber cívico; éste es un sentimiento tan antiguo como la humanidad, y desde sus comienzos ella ha corrido a los combates, y ha caído o se ha dignificado en su nombre. Ese signo es la bandera, cuyos pliegues parecen destinados a envolver los héroes que caen a su sombra.
Muchos han sido los hombres y mujeres que dejaron una honda huella en nuestra historia y de los que somos deudores por nuestra identidad, por nuestra cultura y por nuestras instituciones La bandera nacional ha sido siempre estrechamente asociada al nombre de su ilustre creador, don Manuel Belgrano, quien naciera en Buenos Aires el 3 de Junio de 1770 y resume en el más alto grado los valores de la dignidad del hombre que pone al servicio del pueblo y de la patria, heroica y apasionadamente, su fuerza, su virtud y su inteligencia.
Por las circunstancias políticas en las que le tocó vivir y actuar, y fundamentalmente por su gran merecimiento y patriotismo, logro una trascendencia tal, que quedo al abrigo de las disidencias en los juicios y diferencia de partidos, de las que no pudieron librarse muchos de sus contemporáneos.
En 1793 Belgrano se recibió de abogado y en 1794, ya en Buenos Aires, asume a los 23 años como primer secretario del Consulado. Desde el consulado se propuso fomentar la educación, capacitar a la gente para que aprenda oficios y pueda aplicarlos en beneficio del país. Creó Escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica. En 1806 durante las invasiones inglesas, se incorpora a las milicias criollas para defender la ciudad. A partir de entonces compartirá su pasión por la política y la economía con una carrera militar que no lo entusiasmaba demasiado. Pensaba que podía ser más útil aplicando sus amplios conocimientos económicos y políticos.
Cumple un rol protagónico en la Revolución de mayo y es nombrado vocal. Se le encomienda la expedición al Paraguay. En su transcurso crea la bandera el 27 de febrero de 1812 en las barrancas del Río Paraná. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1913). Luego vendrán las derrotas de Vicapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14 -11-1813) y su retiro del ejército del Norte. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán.
El 20 de junio 1820 moría Manuel Belgrano en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de la muerte de Belgrano, para los demás no fue noticia.
Esto torna necesario, hoy una vez más, interpretar cabalmente el mensaje de Belgrano y su preocupación por la educación. Belgrano fue toda su vida promotor de la educación, lo hizo como funcionario, como General y como particular, sin ningún otro propósito que la educación misma, para la promoción de los sectores populares.
Atacó a la ignorancia "como fuente de corrupción y destructora de las tiernas inteligencias infantiles". Decía en 1.810: "La educación es el fundamento más sólido y el origen verdadero de la felicidad pública. ¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten a los vicios y que el gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos".
Un ilustre rosarino, Calixto Lassaga, estudioso de la historia de Rosario, de la bandera y de la vida de Manuel Belgrano, integrante de la comisión que se constituyó para determinar el lugar preciso donde se izó por primera vez la enseña nacional - lugar donde hoy se levanta majestuoso el monumento, orgullo de los argentinos - propuso que la celebración del Día de la Bandera no sea el 27 de febrero porque no hay actividad escolar, y sí el 20 de junio, coincidente con la desaparición física de Belgrano.
Para que este día se honre, no sólo al creador de la bandera, al del Consulado, al vocal del primer gobierno libre, y al jefe abnegado y heroico de las expediciones militares al Paraguay y al Alto Perú, sino también al hombre que, como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro, premio que Don Manuel lo destinará a la construcción de cuatro escuelas públicas ubicadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Belgrano redactó además un moderno reglamento para estas escuelas que, por ejemplo dice, en su artículo primero que el maestro de escuela debe ser bien remunerado, por ser su tarea de las más importantes de lasque se puedan ejercer. Pero lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron y Belgrano murió en la pobreza total.
Su desinterés fue remarcable y su riqueza estaba en la causa de la cultura, de la humanidad y de la libertad de su patria. Si una Universidad no esta nutrida por la tradición nacional, si no esté nutrida por la historia social del hombre sobre la tierra, no tiene el contenido fértil apto para que se nutran en ella las raíces del futuro.
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